sábado, 21 de diciembre de 2024

TE CALLAS Y OBEDECES

 Voy centrada andando por el pasillo de este hotel enmoquetado. Busco una habitación en concreto pero no la veo. No recuerdo bien el número. Sin darme cuenta pongo los ojos en blanco mientras me muerdo el labio. De pronto se apaga la luz del pasillo que va con sensores y me pongo a hacer movimientos con los brazos, cuando se escucha una puerta justo detrás de mí. Unos brazos fuertes me agarran y me meten en esa habitación. Estoy a punto de gritar cuando una mano me tapa la boca. Y al oído me susurra:

—Encarnación. No grites. 

Me tranquilizo es esta habitación la que buscaba. Cierra la puerta y me empuja con delicadeza hacia la pared. Primero me da un beso casto en los labios. 

—Llegas diez minutos tarde. Encarnación.

—Lo siento, no me enteré bien del número de habitación.

—Shh calla. 

Me sujeta por la nuca con ambas manos y me besa con cierta mezcla entre pasión y desesperación.  Me muerde el labio inferior. Cuando le sujetó por la nuca, aprovecha en coger mi manos subirlas encima de mi cabeza y la sujeta firmemente contra la pared. Vuelve a besarme y de paso me empuja para hacerme notar su polla dura. Al empujarme se me escapa un gemido. Mi diosa interior está dando volteretas. Me mira muy serio. Cuando me mira así me pone cachonda y él lo sabe. Sabe lo que pienso. Con la otra mano sube mi camiseta y el sujetador a la vez. Me deja la tetas al aire las mira resopla y acerca su boca despacio a una de ellas y me mira. Me chupa el pezon y justo antes de soltarla hace notar sus dientes en ella. Ay justo grito. 

—Shhh calla y obedece. 

Respiro hondo y le dejo hacer. Me siento húmeda y atrapada. Baja su mano hacia el filo del pantalón y baja de una vez tanga y pantalón. Sube por la cara interna de mi muslo dirección hacia adentro. Toca deliberadamente mi coño, abre los labios y roza mi clítoris, y mete uno de sus dedos dentro de mí. Yo ahogo un gemido en su boca. Saca el dedo y se lo lleva a la boca y lo chupa. Con esa mirada perdonavidas.

—Delicioso Encarnación. 

Yo no me atrevo a abrir la boca. Trago saliva. Me suelta las manos y da un paso atrás. 

—Quítate la ropa y siéntate en la cama.

Asiento con la cabeza, me saco las zapatillas con los pies mientras me bajo los pantalones y tiro de la camiseta. Me siento en al filo de la cama mirándole. Se pone delante mía, y saca su polla me la enseña.

—Chúpala. 

Y eso hago, pasar primero mi lengua por su enorme polla. Y cómo puedo la meto en mi boca. Mientras él me acaricia la cabeza y sujeta el pelo. Me va guiando hacia su placer y yo me dejo dominar. Entonces él empuja un poco hacia adentro de mi boca y me da una arcada. Me la saca. Y me mira 

—Encarnación que te vas a ahogar— pegándome con ella en la cara suavemente. 

Yo me río, porque está haciendo justo lo que días antes me amenazaba con hacer. 

—De que te ríes? Te hace gracia?

—Me río porque acabas de darme varios pollazos en la cara. 

—Si. Y? Quien manda?—

—Tú— musito.

—Ponte en cuatro en la cama.

Me levanto le miro fijamente a los ojos a modo desafío, me crispa los nervios su maldita manera de mandarme. 

—Encarnación vamos a tener problemas

—No— vuelvo a musitar.

Me sonríe me pega a él sujetándome por la cadera y me besa. Me gira y me abraza por detrás. Me besa el cuello y yo gimo de nuevo. Sabe que esa zona es mi debilidad. Acaricia mi tetas y hace notar su enorme potencial de tamaño muy considerable. Y lo que pienso que creo que lo voy a pasar mal. Espero que lo haga con cariño, pero en el fondo sé que no va a tener piedad. Aprovecho y apoyo mi cabeza hacia atrás en su hombro y él me susurra al oído —Me vuelves loco. Porque no obedeces?— ladeó mi cabeza para poder mirarle y de paso para poder besarle. Me encanta esos labios carnosos y sensuales. Gustosamente él me corresponde el beso con pasión. Obedezco y me pongo en cuatro en la cama, expuesta a su merced. 

Me acaricia mi culo, y de paso me da un cachetazo.

—Así me gusta, mi zorrita guarra— 

Yo le provoco mirándole deseosa, el acerca su boca justo donde dio el manotazo. Y lo besa y mordisquea yo me retuerzo de placer y gimo como una gatita en celo. Sigue ahí justo detrás de mí mirando mi coño y pasa su lengua con descaro de abajo arriba de agujero en agujero yo me derrito. Y sigo gimiendo. El resopla y me gruñe. De pronto escupe en el coño y se pone de pie y encamina su arma de destrucción masiva hacia lo más profundo de mi vagina. Sin miramientos ni delicadeza. De una estocada hacia adentro. Yo gimo a sentir tal presión y dilatación. Me siento llena y me gusta. Comienza sus embestidas una y otra vez. Yo gimo y le grito. 

—Fóllame—

—No voy a tardar mucho en correrme, estás muy caliente—

—En serio?— levantando una ceja.

—Pero no te preocupes que seguimos.

—Tócame que me corra contigo. Yo tampoco voy a tardar. 

Comienza a mover su cadera y con la mano toca mi clítoris y lo roza justo como a mí me gusta. Sigue follándome duro y tocándome. Y de pronto noto su calor y el mío. 

—Me corro 

—Y yo zorrita. Te voy a llenar el coño con mi leche—

Dicho esto noto su leche salir de mi coño. Como gotea por dentro de mi muslo hacia abajo. Pero sigue con sus embestidas  una y otra vez hasta que me oye gemir de nuevo. Saca su polla de mí y se termina de limpiar con los cachetes de mi culo. Supongo es una manera de marcar territorio. Coge una toalla y me limpia lo que ha ensuciado. Yo le miro mientras hace esa tarea. Le sonrío y justo en ese momento me da otra palmada en el culo ya tengo los dos cachetes rojos. Me tumbó boca arriba en la cama y él se echa a mi lado. Me abraza y yo me apoyo en su pecho. Nos quedamos ahí un momento y me vuelve a decir.

—Encarnación no hemos terminado. Quiero seguir jugando 

—No esperaba menos.

Me subo a horcajadas le miro a los ojos. Y veo esa mirada más relajada y diría que tierna. Entonces le pego un cachetito en la cara me acerco a su cara sujetándolo —hazme saber quien manda— Vuelve a poner su mirada perdonavidas, me tira al lado de la cama me sujeta con una mano la cadera y con la otra la cara, con mi boca casi abierta. Me escupe en la boca y besa con pasión, abre mis piernas mete su polla de nuevo en mi. Yo ahogo mi grito en su boca. —Mírame cuando te follo—  esta tan dura que noto hasta sus venas. Se apodera de mí, yo le busco con mis caderas. Y acaricio su espalda. —Putita no me arañes— 

—Lo siento— vuelve a empujar aún más adentro que su pelvis roza mi clítoris una y otra vez. Cierro los ojos un momento —mírame cuando te follo zorrita. Te gusta así?—

—Sí, fóllame duro—

Sigue y sigue empujando. Yo no puedo moverme es bastante más grande que yo. —Voy a correrme—

—Otra vez Encarnación?—

—Siiiiiiii—

—Presiento que va a ser la noche larga—

—Va a ser eterna— le sujetó el culo para que no se mueva.